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TSJDF y Conaculta reeditan obra literaria de Altamirano     

Para el lector que quiera adentrarse a la obra de un alma indígena de enorme grandeza que supo incursionar prácticamente en todas las actividades que le fueron ofrecidas, el Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal (TSJDF) presentó la reedición de las obras completas de Ignacio Manuel Altamirano, como parte de la política mediante la que se impulsa la difusión de la cultura no sólo jurídica.

 Realizada en coedición por el órgano jurisdiccional capitalino y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), la obra pone en las manos de los lectores, mediante 24 tomos, la prolífica y variada literatura de uno de los más lúcidos intelectuales de México en el Siglo XIX. 

De textos históricos a novelas y cuentos; de poesía, crónica, textos costumbristas y jurídicos a escritos sobre educación, literatura y arte, y de periodismo político al  epistolario. Todo un viaje cultural en esta monumental obra.

En el estudio introductorio, el presidente del TSJDF, magistrado Edgar Elías Azar, plantea que sobre el oriundo de Tixtla, Guerrero, nacido en 1834, nunca habrá un acuerdo unánime en relación a cuándo fue más grande, “si en su esforzada niñez y adolescencia, en su edad madura o en sus horas postreras”. 

O “si como intelectual o maestro, como político y polemista, como soldado defensor de la patria, como inspirado prosista y poeta y autor costumbrista, como servidor público y diplomático, como juez o jurista reformador”.

 El volumen se presentó recientemente en el marco de la Séptima Feria Nacional del Libro Jurídico, instalada en la sede del TSJDF, en donde el director general de Anales de Jurisprudencia y Boletín Judicial, Raciel Garrido Maldonado, se refirió a la excelente coordinación entre el órgano jurisdiccional y la Dirección General de Publicaciones de Conaculta, la cual hizo posible la edición.

 Garrido Maldonado detalló que en la obra sus Diarios y Epistolario comprenden tres libros, y abunda que en sus cartas puede apreciarse el trato cercano que tuvo con Benito Juárez y más tarde con Porfirio Díaz. 

“Altamirano era exigente y preciso cumplidor de la ley, y su antijuarismo se define en que el Benemérito se reelige; del mismo modo, el antiporfirismo se conforma por la violación de la ley, al promoverse las reelecciones”, destacó Garrido Maldonado, al incitar a la lectura del volumen.

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