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Sí circula el enojo ciudadano

Desde la llegada del PRD al GDF en 1997, instaló un gobierno que buscó diferenciarse del régimen priista del pasado siglo, con acciones de gobierno con un alto sentido popular, estableciendo un paquete de programas sociales de alto impacto que le generaron grandes simpatías en los sectores más desprotegidos, como es el caso de la pensión alimenticia universal para las personas mayores de 65 años, que ha sido replicado por la mayoría de los gobiernos estatales del país, independientemente de su extracción partidaria.

La entrada en vigor de la nueva fase del programa restrictivo de circulación vehicular en el Distrito Federal, la cual afecta fundamentalmente a un sector social de ingresos bajos, que hizo grandes esfuerzos para adquirir un automóvil como medio de transporte familiar o para sus actividades comerciales, generó fuertes cuestionamientos a un gobierno de izquierda o por lo menos su origen viene de una organización política cuyas banderas ideológicas se ubican en esta tendencia política.

La justificación de una medida como esta es razonable desde el punto de vista de la protección de la salud pública, pero por qué no atacar el problema de fondo restringiendo la circulación de la mitad del parque vehicular, independientemente del modelo de los automotores, medida equitativa que se utiliza con éxito en otras ciudades del mundo.

Hasta el más bisoño funcionario público sabe perfectamente que toda política pública requiere de un diagnóstico puntual del impacto que tendrá su aplicación y los beneficios de ella.

Sin duda, la crisis de movilidad que sufre la capital del país por la incapacidad del espacio de rodamiento que tiene la urbe y una creciente planta vehicular que impacta seriamente la calidad del aire por los volúmenes de gases de los motores, exigía la revisión del Programa Hoy no Circula, pero que al decidir la restricción de la circulación los fines de semana de los vehículos de más de 15 años de antigüedad, incrustó un tufo discriminatorio de un gobierno de izquierda que propaga que todas sus acciones se hacen “decidiendo juntos”.

Por ello, las manifestaciones de inconformidad de los capitalinos afectados por la restricción de uno de los derechos individuales fundamentales que es el de tránsito en sus propios vehículos por una norma ambiental de salud pública, tendrá que evaluarse permanentemente, pues difícilmente amplios sectores sociales populares podrán movilizarse en un futuro próximo con una canasta impositiva y restrictiva creciente.

El enojo ciudadano de los propietarios de vehículos de la Ciudad de México es una llamada de atención a un gobierno que requiere mayor imaginación política, si no quiere que el importante capital político acumulado por casi 17 años, empiece a esfumarse por decisiones burocráticas o francamente draconianas alejadas de toda sensibilidad social.

malvaxxi@gmail.com

Manuel Avalos
Periodista con estudios en Ciencia Política en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, con más de 30 años de trayectoria y experiencia laboral en medios como Radio Mil y Televisa, en Contenidos Educativos de Publicaciones y Bibliotecas de la SEP, como analista en medios en el antiguo DDF, y oficinas de comunicación en la Secretaría de Salud, Secretaria de Gobernación, en la Dirección de Información de la II Legislatura de la ALDF.

En el ámbito de la comunicación política, una amplia experiencia en campañas electorales, estrategia de medios y de asesoría en el manejo del discurso político.