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Democracia vs Fanatismo

Buscar acuerdos para alcanzar las reformas que con urgencia requiere el país es el compromiso primario de la LXII Legislatura. Sin embargo, la creación del Frente Legislativo Progresista, por parte de las bancadas del PRD, PT y Movimiento Ciudadano, pone en riesgo las negociaciones, ya que están sujetos a los caprichos del mesías, Andrés Manuel López Obrador, que una vez más pierde la oportunidad de “manejarlos” para dialogar e incidir en los cambios que contribuyan a la construcción de un mejor país.

En la lógica lopezobradorista del desconocimiento, la insurrección la confrontación pero sobre todo la imposición, no encaja la palabra “acuerdos”. Al más puro estilo dictatorial manipula a los legisladores y renuncia a abanderar esa fuerza política ganada durante la campaña. Al igual que en el 2006 convoca a la desobediencia civil y pide a sus seguidores “movilizarse desde su trinchera para defender la dignidad de los mexicanos, se vienen reformas muy duras y tenemos que trabajar a futuro, esto todavía no termina". Advierte el mesías del trópico.

En el Acuerdo de Conformación del Frente Legislativo Progresista de los Grupos Parlamentarios de las Cámaras de Diputados y de Senadores de los partidos del PRD, PT y MC, se establece en el segundo punto que: “Esta segunda fuerza político-electoral se traducirá en el Congreso de la Unión en el impulso de un conjunto de iniciativas que deriven de los ejes fundamentales de la agenda legislativa de la Coalición que encabeza el licenciado Andrés Manuel López Obrador…”. ¿Así o más obedientes?

Llegó el momento de conocer cómo ejercerán la unidad partidaria y administrarán sus más de 16 millones sufragios que les permitieron ganar espacios y les brindan en el Congreso el voto diferenciado. Deberán elegir entre ejercer la democracia con responsabilidad y estabilidad social o respaldar el pensamiento político fundamentalista de López Obrador, con sus discursos incendiarios que no permiten entablar debates o razonamientos y conducen al fanatismo, convirtiendo la democracia en un hecho religioso, en un acto de fe. Descalificando así el razonamiento jurídico basado en las leyes, creadas por los humanos para regular la convivencia.

En el 2006, el clima de encono azuzado por López Obrador llevó a sus seguidores a generar inestabilidad en el Congreso y en las calles. Como pretende hacerlo ahora. Ordenó a los legisladores integrantes de estos 3 partidos que lo postularon, igual que hoy, a impedir la toma de posesión de Calderón. El mandato se acató y así nació un ambiente de aversión y confrontación que frenaron acuerdos importantes. Incluso la izquierda en las cámaras se dividió. Un ejemplo de estos jaloneos fue la toma de la tribuna en el Senado para evitar la aprobación de la reforma petrolera. Los pejistas encabezados por Ricardo Monreal la asaltaron y la retuvieron por varios días, ante el desconocimiento y desconcierto de su entonces coordinador, Carlos Navarrete.

López Obrador jura que su movimiento es pacífico, pero la violencia de su discurso revela otra cosa: “La desobediencia civil es un honroso deber cuando se aplica contra los ladrones de la esperanza y la felicidad del pueblo… Aunque nos sigan acusando de malos perdedores, locos, mesiánicos, necios, enfermos de poder y otras lindezas, preferimos esos insultos que formar parte de un régimen corrupto y de complicidades". Como en el 2006, suelta los demonios de la violencia.

Toca el turno, ahora, a sus seguidores y correligionarios decidir si respaldan un discurso de propuesta o uno de destrucción. En la Cámara de Diputados, Silvano Aureoles –de la corriente Foro Nuevo Sol, que dirige Amalia García–, y en el Senado, Miguel Barbosa –de la tribu de Los Chuchos, que encabeza Jesús Ortega, a la que pertenece el presidente del PRD, Jesús Zambrano–, están obligados a negociar y hacer valer su fuerza política, sobre todo ahora que han hecho alianza con el grupo de Marcelo Ebrard, quien marcó el deslinde al decir que respeta el fallo del Tribunal. Por cierto, Ebrard la jugó magistralmente al viajar a Italia el viernes pasado cuando el Trife validó la elección presidencial y casualmente regresa a México el 9 de septiembre, después de la Asamblea a la que convocó AMLO.

El jefe de gobierno electo, Miguel Ángel Mancera, también pintó su raya: “La izquierda está unida, independientemente de los consensos o disensos con la resolución del Tribunal Federal… Con el licenciado Andrés Manuel López Obrador, mi respeto a sus manifestaciones… Nosotros tenemos un trabajo que cumplir con la ciudadanía y vamos a realizar el cumplimiento de ese trabajo". En la misma postura se mantienen los gobernadores de Morelos, Graco Ramírez, y de Tabasco, Arturo Núñez, quienes se han manifestado por construir un gran pacto social con Enrique Peña, que privilegie el diálogo y los acuerdos.

Ante este desolador panorama, queda claro que AMLO deberá reinventar su fundamentalismo y crear su partido, si desea vivir de la política como hasta ahora. No es el defensor del pueblo de México, como él se autonombra. Por el Movimiento Progresista (PRD, PT y MC) sólo votaron 16 millones de personas, no los más de 100 millones de mexicanos, y habría que preguntarles a esos 16 millones si están de acuerdo en las acciones de caos y polarización a las que convoca el candidato. Ahí está la advertencia del líder moral del perredismo Cuauhtémoc Cárdenas: “El partido de tribus y cuotas, de sectarismos y oportunismos, de clientelas y no de militancias libres y conscientes, está destinado al achicamiento y a los fracasos”. El que entendió, entendió.

Vericuentos

¿Josefina diferente?

Con la novedad de que Josefina Vázquez Mota no fue a Palacio Nacional, al último informe de Felipe Calderón, pero apareció en el homenaje a Roberto González Barrera, fundador de Grupo Maseca, en el Museo de Antropología. En su primera exhibición pública tras su derrota del pasado 1 de julio, respondió qué no acudió a Palacio y sí a los honores del regiomontano porque estaba “acompañando a un buen amigo”. Al preguntarle si el anfitrión de Palacio no es su amigo, respondió: “No he dicho nada. No quiero hacer declaraciones, vine a acompañar a un buen amigo”.

Guillermina Gómora Ordóñez, Licenciada en Periodismo por la UNAM.

Soy una apasionada de mi profesión, que me permite tener una butaca de primera fila en la historia. Actualmente me desempeño como Subdirectora de La Crónica de Hoy.

He trabajado como Jefa de Información y Productora de diversos noticiarios con profesionales de la comunicación como José Cárdenas, Pedro Ferriz de Con, José Gutiérrez Vivo, Manuel Mejido entre otros destacados colegas que me han brindado su confianza, en diversos medios como Grupo Fórmula, Grupo Imagen, MVS Noticias, Televisa, T.V. Azteca y Canal 40.

En medios impresos inicie como columnista en el extinto Periódico El Nacional, en la Sección de Economía, bajo la batuta del alebrije, José Yuste, hasta el cierre del diario “Agenda Ejecutiva”, reportaba y analizaba las incidencias de los sectores empresarial, bursátil y económico.

Hoy a través de Caleidoscopio comparto la tribuna con mis lectores para llevar el registro de un nuevo México, al que nos debemos desde la trinchera donde estemos. Nos merecemos una mejor calidad de vida y esta en nuestras manos conseguirla.

¡Ah! Fiel seguidora de los Pumas. El futbol, la lectura y el cine son mis entretenimientos favoritos